dimarts, 22 / abril / 2008

Bajo el Caribe


Si hubiera o hubiese alguien que se preguntara porque diablos no actualizo el maldito blog ahí tiene la respuesta; llegué por fin al Caribe y me metí de lleno en él, objetivo cumplido!

dilluns, 31 / març / 2008

Pedaleando Colombia: de Ipiales a Popayán

De nuevo en Colombia tenía una cita en Pasto, a sólo 90 km. de Ipiales, la ciudad frontera con Ecuador. Por las prisas ( y por vagancia, claro) no visité el Santuario de las Lajas, de gran fama por estar construída dentro de una quebrada, otra vez será.


Pedaleando por la Panamericana, la carretera más larga del mundo...

En Pasto me espraban Ana y Felipe con quienes había compartido risas, caminatas y visitas en Cusco y Quito ( ah! y un montón de comilonas, claro...) y Carlos y su familia, otra de las ya famosas casas de ciclistas. Tras unas horas de Panamericana y una buena subida ( de esas de 30 km., de las que hacen afición) llego a este oasis del descanso ciclístico que es la casa de Carlos.

Y es que el man no sólo nos brindó posada a nosotros y a otros ciclistas que por ahí pasaron, se está arreglando el garage para que los ciclistas tengamos habitación propia, con neverita y todo, un lujo de trato el suyo y el de su esposa e hijas.

Con Ana y Felipe paseamos por Pasto y probamos todos los manjares probables antes de ir a visitar la laguna de la Cocha, un lugar de esos con algo especial.





Felipe y Carlos embarcando

Una de las particularidades de la Cocha ( también conocida como Laguna Guámez) es la pequeña isla de la Corota, tan pequeña que es una ( siemre se dice que la más...) de las menores reservas mundiales de la Biosfera, en lo práctico un islote chiquito que se recorré en diez minutos cargado de flora ( con algunos árboles endémicos) situado en un lugar de ensueño. Un paseo muy bonito y muy recomendable, sobretodo si se remata con alguna de las delicias que se venden en el puerto.


La laguna de la Cocha es un auténtico remanso de paz

Tras despedir a Carlos y familia tocaba seguir con el pedaleo, esta vez acompañado de Ana y Felipe que tras tanto encuentro " de civil" ya dudaban que yo fuera ciclista... La verdad es que comartimos una ruta bien hermosa pero también durilla, difícil encontrar algún llanecito por estos lares, sube tres o cuatro horas, baja en media hora y así dele y dele.

Como siempre es muy fácil viajar en Colombia, la primera noche nos acogieron en un "parador" de fin de semana, con piscinita y todo. Pero claro, yo sin carpa, a mitad de la noche se pone a llover y el primo que dormía en hamaca de pie en un salto y a buscar un techillo, saco al suelo y a seguir soñando.



Ana y Felipe transitan por los bellos paisajes colombianos

Viajar con Ana ( que es Colombiana!) y con Felipe ( suizo aunque ya había estado por aquí) permite conocer otra cara de Colombia, cómo era el país hace unos años. Historias increíbles para un gironí de violencia las había ya escuchado, pero nadie habla de la inflación en los productos básicos o del montón de desplazados que está creando el conflicto gobierno-paramilitares-guerrilla.

Después de avanzar por valles y montañas llegamos una tarde a Piedra Sentada dónde tras visitar desde el profe hasta la policía, nos ofrecen un salón municipal como alcoba de cortesía; lo que no sabíamos es que compartiriamos espacio con un lugareño que nos deleitó con un "concierto bajo la ducha" y desfile con toalla; muy interesante. Más chocante para mi fue la multitud de pintadas a favor de la guerrilla, en contra del beatificado presidente colombiano y los comentrios de los habitantes acerca del asunto, se iba revelando otra Colombia, la que no sale en la tele oficialista.



Muy verde el transcurso por el Sur Colombiano

Tras más subidas y bajadas llegamos a Popayán, una ciudad colonial preciosa, famosa por sus celebraciones de Semana Santa, vaya a mi paso estaban acicalándola toda para el evento. Pero lo bueno de Popayán no fueron los paseos por la ciudad sino el recibimiento que nos brindó la familia de Ana, sin palabras! Me recibieron como a uno más de la familia, la abuela me llenó hasta los topes de Tamales y Sancocho, les cocinamos unas crepes con Nutella, nos fuímos a las termales de Coconuco ( Agua Hirviendo) y lo pasamos muy muy rico.

Lo mejor del viaje son siempre los encuentros y lo peor son las despedidas y huyendo del riesgo de acabar bien cebado e imposibilitado para la bici ( algo que quizá le pasó a Felipe...) me despedí de los ciclistas ( hasta la próxima en Suiza) y de la família de Popayán ( de la que colgaré fotos en cuanto me lleguen); no en vano me esperaban más kilómetros y una nueva cita con un viejo amigo.

dimarts, 18 / març / 2008

Desde Quito, vuelta a Colombia

Tras una velada con los Bossa´n ´Stones muy fina, no tocaba otra que volver a la burra para regresar a la ya amada Colombia, esta vez intentando rebasar la linea ecuatorial de forma más permanente ( voy a establecerme por un tiempo en este hemisferio norteño, de nuevo) y consciente, porque del anterior cruce en bici ni me enteré.


Paisaje ecuatoriano, mucho verde y bellos volcanes

Para tal empeño tomé la carretera que pasa por Cayambe dónde el señor Cristóbal Cobos, astrónomo, ha tenido a bien disponer a todos con un monumento representativo de lo que es la linea divisoria de hemisferios, de nombre Quitsato.


Sobre la linea del ecuador

El lugar está bien interesante, es una representación ( más o menos a escala) de lo que viene a ser el planeta tierra, con el ecuador en el centro ( claro) y con las lineas de los trópicos y de los círculos polares echas con piedras blancas, así el monumento puede ser apreciado y comprendido desde el aire; sobre la linea del Ecuador se pueden hacer las típicas bromas del ahora hemisferio norte, ahora hemisferio sur ( de esas que Homer podría repetir un millón de veces) o perfomances más artísticas como la sugerida de un tipo comiendo en el hemisferio norte al tiempo que "caga" sobre el sur ( sugerida por mi pero todavía no interpretada, que yo sepa...).

La representación ( la de las lineas y piedras, no la otra) es un calendario solar que indica equinoccios y solsticios, y en el pirulo este naranja que podéis apreciar en la foto hay un espejo que recibe la luz solar sólo durante dos segundos al año, un segundo en cada equinoccio cuando el sol pasa totalmente perpendicular a la tierra y a una velocidad de 1.700 km/h ( no hará falta decir que lo que gira no es el Sol, no?), notar por ejemplo que, a Catalunya, en el equinocio la sombra del sol se mueve a "sólo" 900 km/h y la velocidad teórica en los polos es cero.

Por eso es que aquí la noche "cae a plomo" y del: "uhm, empieza la puesta de sol" al " ya no se ve un carajo" no pasa demasiado tiempo ( nota para el que vaya por ahí con una bici y no se decida a acampar acá o allá...).

A mi que lo que me cuesta es levantarme y seguramente por eso me perdí un encuentro bien interesante, resulta que Mr. Heinz Stucke andaba por estos lares; qué quien es ese? pues ni más ni menos que el gurú en esto de los viajes en bicicleta, vaya que el hombre a sus 68 años lleva 46 dando vueltas al mundo en bici, mis amigos Ana y Felipe sí lo encontraron y es todo un personaje; otra vez será.

Así entré de nuevo en Colombia, ahora para quedarme más ratito, recorrer su carretera Panamericana de Sur a Norte ( aunque después se cambian planes, claro) y llegar al mar del Caribe, que suena muy bien...










Frontera cerca de Ipiales

divendres, 22 / febrer / 2008

Ecuador: en la mitad del mundo

El Ecuador, décimo país americano donde pongo los pies ( noveno por dónde rueda mi bici). Sólo voy a conocer de él su parte norte, la que va de la frontera colombiana hasta Quito, algo menos de 300 km. de terreno montañoso; aunque esté casi siempre por encima de los 2000 metros decir que estoy en el altiplano de nuevo sería totalmente falso, alto sí pero plano no hay un metro. A esta altura, en esta época del año y a esta latitud ( cercana a cero, claro) la humedad es insoportable, llueve cada día y si no lo hace da lo mismo, en unas pedaladas está uno completamente empapado en sudor, sudor calientito cuando se escalan las duras pendientes, helado cuando se desciende.

A punto de cruzar la frontera Colombia-Ecuador, pinché en zona de nadie...

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Con tanta humedad el paisaje es totalmente verde, se suceden lagunas y campos de cultivo multicolores, todo bordado por la vista nublada de los volcanes, que debe ser precioso en verano. A diferencia de los otros países andinos, el Ecuador, el ecuatoriano, es limpio, tranquilo, sin bullicios, ordenado, pacífico; si hubiera seguido una ruta lógica este país hubiera servido de transición natural desde el Perú a Colombia.
Tras cruzar con la bici el Ecuador terrestre sin ni enterarme ( no, la línea no está pintada sobre la tierra}entro a Quito desde el norte, la verdad una de las entradas a ciudad más tranquila del viaje a pesar de los sudores y las cuestas. Voy a alojarme en la casa de Crisa, con sus hijos Cami y Anaiti, otra casa de ciclistas y van... como siempre la atención es de lujo y es mucho más fácil llegar que marcharse.

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Cami, Anaiti y un servidor

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Además Quito va a ser lugar de reencuentros; en primer lugar y tras más de seis meses sin verles el pelo me reúno con Yves y Gaël, los SiOnJouait, con quien había pedaleado en Argentina, norte de Chile y Bolivia aparte de compartir con ellos pantuagrélicos banquetes y muchas risas; con ellos conocí a Virginia, otra loca viajando en bici por estas tierras.
La expedición "ciclistas sin bici" nos acercamos a la mitad del mundo, a la línea ecuatorial sitio de un museo interesante. Sobre el ecuador nos hacen algunas demostraciones, por ejemplo es posible parar un huevo sobre un clavo, algo que nunca me había entretenido a probar en ninguno de los dos hemisferios pero que al parecer es imposible; también nos hicieron la demostración de cómo gira el agua del water: en el norte en sentido de las agujas del reloj, al sur hacia la izquierda. Y sí, claro, sobre el Ecuador el agua baja del tirón, sin girar a ningún lado.


Virgínia, Cristina, Gaël, chó e Iván; a nuestros pies, la mitad del mundo

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Tras una cena de despedida los SiOnJouait volaron hacia Europa tras año y medio rodando por acá, Virginia se fue a Buenos Aires buscando la Paagonia y Crisa y yo fuimos para Baños, ciudad turística algo más al sur dónde Crisa tiene una casita espectacular; allá encuentro a Anna, una catalana que lleva 8 años viajando con Pablo por el mundo, un gusto poder hablar algo de català tan lejos de casa. Con Crisa hicimos la ruta de las cascadas, precioso descenso hacia la cuenca amazónica, rodeados de verde y de agua, aunque después tocó subir, claro!


Una de las innumerables cascadas de la ruta Baños- Río Negro

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De nuevo en Quito, nuevo encuentro con Philippe y Anna, dos ciclistas dando la vuelta al mundo, con ellos había compartido las navidades en Cusco. Unas birras, algo de comer y la visita al museo de Guayasamín, uno de los mejores que nunca he visto, un compendio del sufrimiento del pueblo americano plasmado magistralmente por el pintor Quiteño.
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Las torres de la basílica desde la cubierta de la nave principal

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También nos dimos unos garbeos por el centro colonial, Patrimonio de la humanidad y según cuentan las crónicas la ciudad colonial más antigua de américa; las callejuelas empinadas y las bellas fachadas son bien típicas aunque la palma se la lleva la basílica moderna, es posible pasearse por todo su interior, incluso subir a las torres por empinadas y muy poco seguras escaleras, buenas vistas y con restaurante incluído, la fe encontró otro negocio...


Las empinadas calles Quiteñas

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Con pocas ganas de marchar, estoy sacando la bici de casa cuando en la radio anuncian un buen concierto para esta noche, no problem! Se cierra la puerta, conmigo dentro claro, a Crisa y su familia parece no importarle que me quede una noche más y yo, que llevo un mono encima de música en directo que ni te cuento, la mar de contento.


Anaiti, haciendo el "mono" para la cámara

dijous, 21 / febrer / 2008

Colombia II parte: Neiva- San Agustín

Tras sacar un montón de fotos en el desierto de la Tatacoa el destino era Neiva, dónde me iba a recibir Julio, hermano de Elcira amiga y compañera en Barcelona; contacto con Julio cuando estoy a unos 20 km. de la ciudad y me dice que el tiene una reunión en una hora; o me apuro o no llego así que toca pedalear tan fuerte como pueda.

Llegar, llego a tiempo pero tras las presentaciones me doy cuenta que me falta una de las alforjas. Pánico! Ahí llevaba la tienda de acampar, la cocinita con todos los útiles para cocinar, un cuaderno de viajes y uno de mis dos jerséis, vaya casi ¼ parte de mis cosas. Repaso mentalmente la etapa y tengo claro que en el punto desde el que llamé tenía todo en orden; en esos 20 km. de asfalto sin baches se me debió caer la bolsa de la bici y ni me enteré, algo realmente extraño por el peso de la bolsa y el ruido que debería hacer tamaño bulto al impactar con el suelo. Tras la desesperación inicial me doy cuenta que no hay nada que hacer, lo perdido, perdido está. Aún así regreso al día siguiente sobre mis pasos preguntando a la gente sobre una bolsa negra con útiles de camping; nada.


Saliendo de la Tatacoa, todavía con todo el equipaje...


Con el sabio consejo de Francisco llamó a las radios locales, los taxistas y las gentes de los puestecitos a pie de carrtera siempre están en sintonía radiofónica y quizás su solidaridad me eche un cable. Yo quiero poner el aviso sobre mi bolsa..perdida ......Julio, mi anfitrión en Neiva..................pero los de la radio aprovechan para hacerme una entrevista; como es eso de viajar en bici – preguntan. Gratificante pero duro, más ahora sin las cosas que perdí a la entrada de Neiva por la carretera desde Torrecillas; ya y que te parece Colombia amigo viajero. Los paisajes muy lindos y la gente muy acogedora, espero que con su amabilidad y solidaridad me ayuden a encontrar mi bolsa, que perdí en la entrada a Neiva por la carretera de Torrecillas; y así os podéis imaginar, a cada pregunta yo metía. cucharada en el tema de mi bolsa perdida pero nada, no hubo suerte y al que le cayó en las manos mi material no parece gustarle la radio o parece que le gustaron los regalos.

Tras pasar un día con Julio y su familia y amigos ( que me trataron de lujo) de comida en comida, paseando por la orilla del Magdalena y conociendo algo de las historias de la Gaitana, salgo de nuevo a la ruta con mi capacidad de autosuficiencia bastante mermada: no puedo cocinar y si se pone a llover no tengo techo; tocará estos días buscar un hostalito y parar a comer en la carretera algo más consistente que las galletas que llenan una de mis alforjas.
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El río Magdalena en su camino hacia el Caribe


Tras recorrer más de 600 km. en una semana llego a Pitalito agotado, medio muerto por mi falta de costumbre ciclista y un pequeño virus con su fiebrecilla y sus dolores óseos me atrapa tres días en cama, descanso obligado antes de llegar al parque arqueológico de San Agustín.
El valle donde se asienta San Agustín es el más turísitco del Sud de Colombia, vaya el único lugar donde encontrar otros "gringos" paseando, y no son pocos. La razón no son únicamente los bellos paisajes y el calor humano de los colombianos, aquí se asentó una civilización antiguísima, los Sanagustinianos, tan vieja que su nombre es un sinsentido, no existían santos por aquella época, al menos no Vaticano que los hiciera públicos y oficiales.

De estos tipos poco se sabe ( vaya, como siempre), al parecer vivieron aquí desde el S. XIII a.c. y su mayor legado va estrechamente ligado a la muerte: los muertos eran enterrados a unos 5 metros de profundidad y sobre ellos hacían un montículo de tierra bien alto; el recinto era decorado con distintas estatuas, de las más interesantes que se pueden encontrar en América latina, que representan escenas de la vida cotidiana. El parque está bien cuidado aunque falta un poco de explicación. Se puede averiguar más aquí.


Pero no sólo se visita el Parque arqueológico que incluye un pequeño museo y tres montículos, todo regado con un sinfín de estatuas. También se pueden visitar otros centros arqueológicos como el de Obando, con más tumbas o llegar hasta Isnos dónde hay más estatuas.


También se puede acceder al nacimiento del río Magdalena, el más largo del país, al que ví nacer por estos lares y al que, si todo va bien, veré desembocar en el mar del Caribe; pero para eso Mujer en parto....... quedan muchos kilómetros de viaje...





"Escenas cotidianas": un pájaro comiendo culebras, el guapo del pueblo y la versión lítica del Kamasutra

El río Magdalena cerca de su nacimiento, en el valle de su estrecho

Para acabar con esta primera etapa en Colombia tomé un bus ( ejem...), primero porque me habían dicho que la ruta destapada era considerada zona roja ( aunque parece bastante segura), segundo porque quería encontrarme con unos amigos en Quito y al ser una carretera de ida y vuelta ( volveré por mis trazas después) pues bajo un trozo en bus, otro en bici, subo un trozo en bici y otro en bus. Total que ya estoy en el Ecuador

dissabte, 2 / febrer / 2008

Pedaleando Colombia: de Bogotá al desierto de la Tatacoa

Tras un tiempo largo, muy largo, sin mucha bicicleta tocaba ya salir de nuevo a la ruta, no es cuestión de apalancarse más aunque la hospitalidad de Francisco en Bogotá invitaba a ello; echando cuentas, desde que me fuí al mejor campo de trabajo mundial, el de Paraguay, no había pedaleado ni 2.000 km, y de eso hace ya seis meses...

Tras una última visita turística a la impresionante Catedral de Sal de Zipaquirá ( excavada a 180 metros bajo tierra y con tres naves inmensas, todo de sal) tocaba salir a las calles, no en vano había escogido el domingo para salir de la gran ciudad.

Domingo es sinónimo de bici en Bogotá, así que de nuevo disfruté de esta experiencia maravillosa que es la cicloruta popular bogotana, está vez con la burra bien cargada, lo que no deja de llamar la atención del otro millón largo de ciclistas que deambulaban por ahí. Con la magnífica escolta de Francisco y algunos ciclistas del lugar, nuevos amigos, llegamos a la salida de la ciudad, de nuevo la carretera, de nuevo la libertad del viaje en bici.


Miguel, Rodolfo, Jose Luis, Francisco, Mireya, Ana y un vagabundo que se coló en la foto...


Francisco me acompañó unos quilómetros más y sólo faltó segundo y medio tras nuestra despedida para que los colombianos me empezaran a demostrar lo fácil que puede ser viajar por este país; sin haber arrancado tras el abrazo con Francisco y mientras este se perdía tras una curva, para un auto a mi lado y tras el questionario de rigor me invita a visitar su finca en el centro del país, tardaré en visitarlo pero ya me ha cargado las pilas de forma muy positiva para empezar.

Un ratito después un coche se para en el arcén y me regala unas naranjas, subo la primera tachuela y no veas cómo noto la falta de costumbre ciclista, avanzo como un caracol. El descenso es espectacular, desde los 3000 metros debo descender a prácticamente 0, estoy sólo a 5° norte del Ecuador y la vegetación se vuelve bien selvática a medida que desciendo; el calorcito, que al principio me parece rico, será mi infatigable acompañante y mi mayor tortura en los días venideros. Llegando a mi primer destino, Fusagasugá, aparece otro ángel de la guardia, Jairo, salió a entrenar este domingo y tras un poco de conversa me encuentro en su casa, la hospitalidad de esta gente es increíble!

En los días venideros se va repitiendo la historia, gente amable que me invita a tomar un zumito, a morder unas frutas o simplemente me animan desde los coches. El sol es totalmente inclemente y la temperatura no baja de los 30°, junto a mi falta de forma física me deja destrozado día a día. Al llegar al pequeño pueblo de Velú la hospitalidad ralla lo surreal; tras encontrar a Germán en la ruta y pegarme una cena de infarto preparada por su mujer, nos dirijimos a "dar una vuelta" por el pueblo, y acabamos tomando unas birras nosécuantos y todos haciéndome preguntas; por la mañana procesión de casa en casa para tomar café, seguir charlando y despedirme de todos. Un pueblo lindo , con una gente increíblemente amable, os invitan a los que queráis a sus fiestas del 20 de Julio; queda dicho.



Don Germán con su esposa y la pequeña Catalina, el de siempre y la bici
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El atractivo paisagístico de la región es sin duda el Desierto de la Tatacoa; a medida que me iba acercando a él se me hacía más extraño que por ahí iba a encontrarme con una zona árida, deambulaba a orillas del Magdalena y la vegetación era abundante aunque el calor no tenía nada que envidiar al del Sáhara...
Evidentemente el mapa no estaba equivocado y poco a poco la vegetación fue desapareciendo, las piedras se hicieron polvo y plas! ya estaba en el desierto de la Tatacoa ( nombre indígena que viene a decir algo así como: serpiente que si te muerde...cagaste!).
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Un lugar muy bello, ya sabéis mi teoría sobre estos sitios, mejor algunas imágenes que mil palabras...



dimarts, 22 / gener / 2008

Bogotá

Tenía verdadero afán por conocer Colombia, por recorrer sus carreteras y conversar con sus gentes, uno que leyó y escuchó bastante acerca de los países latino americanos no sabe en qué momento o a raíz de qué comentario pasó Colombia a encabezar la lista de destinos deseados; Puede que sea el echo de que unos hablan muy mal de ella ( no hace falta repetir lo que los gobiernos se cansan de hacer acerca de la situación del país) y otros sólo hablan maravillas, y entre el blanco y el negro uno tiene ganas de conocer el verdadero matiz de gris que debe ser Colombia.


La catedral, con Montserrate en la montañita a la izquierda


Digo que debe ser porque de momento sólo conocí la parte buena, y que así siga. Tras conseguir asiento en una avioneta a hélices, sobre volé la selva colombiana con destino a la capital, Bogotá. Una megápolis de cerca de 8 millones de habitantes, con todo lo bueno y malo que comporta estar en una gran ciudad ( séptima capital de mi periplo) pero con algunos detalles ( de los buenos) que le dan un aire distinguido.

Para un ciclista ( ejem...) en tránsito, no hay mayor alegría que llegar a casa de un amigo, aunque ni siquiera se conozcan y a priori sólo compartan la afición a los viajes en bici; es así como Francisco me acoge en su casa y se convierte en mi guía Bogotano, aún y ser chileno...




No sólo se bebe café en Colombia...con Alejo, Francisco y Adriana


Todo un placer poder disfrutar de una cocina y de un supermercado bien surtido cerca de casa, se acabó por unos días la dieta de arroz blanco que tanto aborrecí en Bolivia y Perú, hora de preparar algunos manjares, deleitarse con unos quesos azules ( cúanto hacía que no comía eso?), unos buenos trozos de carne y probar las deliciosas arepas, especialidad local.


El sábado tarde es momento de pasear, de acercarse al barrio de la Candelaria, el núcleo antiguo pero modernamente bohemio, salpicado de cafés ( qué decir del café colombiano...delicious!) plazoletas y gente joven. Una de sus mejores atracciones son los cuenteros o cuentacuentos; aprovechando las escaleras de una pequeña iglesia en el Chorro de Quevedo ( la plazoleta más concurrida) se crea un teatro callejero y el buen hacer de los cuenteros y las historias de Edgar Allan Poe, Julio Cortázar o Galliano provocan una atmósfera de magia y leyenda ideal para abrir el apetito para las birras y cenas, imperiosas de cualquier sábado noche. Y es que la culturilla y el ambiente universitario impregna la ciudad, posee maravillosas bibliotecas y un montón de cine clubs así como algunas muestras interesantes de arquitectura, tanto colonial como moderna.

El teatro al aire libre del Chorro Quevedo; tan interesante cómo divertido

Y por lo que comentan la ciudad ha cambiado mucho en los últimos años, en seguridad , movilidad y planificación urbanística y aunque no es todavía un destino turístico en sí, es una ciudad bien interesante de conocer para los que están de paso.
Fue en Bogotá también dónde encontré el primer "patrocinador" del viaje, el grupo de tiendas para ciclismo Welcome, que me hicieron una revisión de la burra y cambiaron alguna cosilla suelta. Lo mejor de ello es que me ofrecieron la oportunidad de dar alguna "charla" durante mi recorrido por el país para explicar un poco que es eso de viajar en bici, a ver si poco a poco se apunta más gente a esto.
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Con Rodrigo y Francisco en la tienda Welcome de Bogotá



El palacio de justicia, un buen ejemplo del buen hacer arquitectónico

De la ciudad en sí no puedo obviar lo que pasa en sus principales arterias durante los domingos; momento para dejar los coches en el garaje y tomar la ciudad con las bicicletas, a pie o en patines. Nada más y nada menos que un millón de Bogotanos salen cada domingo a rodar por sus calles, cerradas al tráfico desde hace más de 20 años, todo un ejemplo del amor que profesa este país a la bicicleta. Increíble cascarse más de 60 kilómetros sin salir de la ciudad, compartiendo recorrido con Francisco y algunos nuevos amigos ( Rodolfo, José Luis y Miguel) y asistiendo a una muestra de la legendaria hospitalidad del colombiano, arribamos con la bici, casi sin avisar, a casa de Esmeralda para un almuerzo deluxe.


El mercado de las pulgas se expande por doquier sobre las calles

Y el domingo no es sólo para los ciclistas, hay lugar para todos; fascinante el mercado de las pulgas, un mercadillo popular y callejero dónde uno puede encontrar unas combinaciones espectaculares, un mismo tipo vende Ipod´s, vinilos y Walkmans pero su negocio no es sólo musical, tiene alguna plancha, algo de ropa vieja y un sinfín de cosas que uno no puede identificar. Muy interesante y divertido.



Otro ejemplo de la arquitectura colonial bogotana


En fin , me queda una grata impresión de la ciudad y de sus gentes, preparado ya para partir a conocer los rincones de esta Colombia que anhelaba y que ya empiezo a conocer y estimar.


Aprovechar este espacio para agradecer a todos los que hicieron mi estancia en Bogotá tan agradable: Adriana, Alejo, Jose Luis, Miguel, Rodolfo, Esmeralda y en especail a mi anfitrión y amigo Francisco, suerte en la ruta y hasta pronto!

dijous, 17 / gener / 2008

Rostros del Peru

Algunos de los rostros encontrados en el Peru, gente del altiplano, de la ciudad, de la selva, algun gringo por ahí tambien...




Lucho, maestro en Iquitos





Gloria, hija de Lucho




Chiquilla del barco Carlos Antonio, de Iquitos a Leticia



Adelen y Linda, Porteña y Iquiteña observando la puesta de Sol en el Henry V




Messier Paris Golott, Chileno po




Serie del mercado de navidad en la plaza de Cusco:




A la espalda de la mamita, sistema tradicional altiplánico para llevar a los niños




























El Sr. Martínez Soria de paseo por Cusco

Rostro curtido por el frío y el Sol altiplánico, Cusco


Adeline, Mama Noel, en la plaza de Cusco. 25 de Desembre fum, fum, fum


Los niños en muchos casos son mas despiertos que las mamitas...

Difícil encontrar una mujer sin sombrero, de todos los colores y formas



Oteando el mundo desde la espalda de su mamá



Despertando de la siestecita en plena calle



Los hay que siempre serán serios...






Mira al barbudo tras la cámara... y sonríe mujer!!



Preparando la que sera nuestra comida pre-navidad



Resoplando ante la dureza de la vida...




Así representan el Belén, con un toque bien andino



La camiseta lo dice todo




Cuatro miembros de la familia Crispin con sus mejores galas. Ausangate trek












Y eso es todo amigos...
Un relato que en su día no vió la luz ( cosas de internet) acerca de las comilonas que me metía en la Patagonia, en la época en que andaba en bici... leer

dissabte, 12 / gener / 2008

El Amazonas

La vegetacion al margen del rio es exuberante pero no colma las expectativas que se tienen del amazonas. Para ver arboles gigantes, lianas y serpientes hay que adentrarse bien en la jungla...


Tras el "cuelge" de casi mes y medio en Cusco otra vez sin tocar bici no quedaba más remedio que hacer un avance "a lo bestia", usea sin pedalear, porque si sigo con este ritmo y pretendo hacerlo todo en bici se me blanqueará la barba durante el viaje...y no es plan. Así que con esa excusa y la siempre buena de conocer lugares tan evocadores como la cuenca Amazónica, me he montado un recorrido avión-barco-avión que le quita épica al asunto pero le da unos bríos quilométricos de aúpa. Así que en menos de 15 días hago un recorrido Cusco ( Perú) - Bogotá ( Colombia) aderezado por unas jornadas de periplo fluvial amazónico.

Como véis siempre hay una vocecita de consciencia ciclista que hay que acallar con chavacanos argumentos, aquí vine a pedalear y en muchas ocasiones me lo estoy pasando por el folre, para que engañarnos, no? Pero mi motivación principal en este viaje no era la de convertirme en un machaca de la ruta ( algo que nunca fuí, nunca seré) sino la de conocer lugares y gentes y uno de los lugares y gentes que más ganas tenía de visitar era el binomio Colombia/colombianos y coincidiendo con el amor "controlado" por el Perú/peruanos pues eso, vuelo y manta y barca y manta, y la tan anhelada llegada a Colombia ya está aquí.


Comida callejera pre-navidad Cusqueña, con los atuendos papanoelescos. Por una vez no nos llamaban gringos por las calles... Grant, Felipe y Adeline

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Tras unas navidades de leyenda con todolopozible ( amigos, manjares, privas...) para un viajero alejado de família y hogar, tocaba tomar una decisión rotunda, el grupillo Cusco estaba planeando ya la farra de fin de año y ella tenía visos de alargarse hasta el infinito ( Carnaval en Cusco, Semana Santa en Cusco...) así que agencia de viajes y si un día amanezco en la capital inca, a más de 3000 metros sobre el nivel del mar ( y su consiguiente clima) al mediodía aterrizo en Pucallpa, primer puerto navegable de la cuenca Amazónica ( por el río Ucayali), 30º para arriba y ese relajo ambiental y en la gente que se da en los lugares tropicales, como si estuviera de nuevo en el Beni (Bolivia) o en Venezuela...

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Sequencia de un atardecer sobre el rio Ucayali


Uno de esos lugares en que la jornada parece extingirse al mediodía para invernación colectiva ( estivación???), todos bajo el ventilador ( que suena como un helicóptero y no enfría un carajo) y a esperar que el asunto refresque un tanto, momento idóneo para pasear frente al río, ver la puesta de sol y sentarse a la fresca de unos 30 y pico bien llevaderos para tomar la cena; y poco más la verdad, hacer algunas compras, probar las mil frutas que ofrece la selva y mirar la televisión por cable como si fuera el más reciente de los descubrimientos.

Y así hasta fin de año, esperando a unos amigos que nunca llegaron porque ya habían pasado de largo... a pesar de la soledad fue curioso ver la enorme borrachera que pasean los locales mucho antes de la media noche, la costumbre de quemar muñecos para eliminar todo lo malo del año que acaba y el imparable bombardeo de petardos que grandes y chicos comparten con igual pasión, todo eso con un fondo musical de "cumbia amazónica" a máximo volumen; o sea mucho ruido, muchos gritos y el guiri a la cama a las doce y media.

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La chimenea del Henry V
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Qué mejor manera de empezar el año que poner los pies en un barco amazónico, la lancha "Henry V" nos iba a llevar de Pucallpa a Iquitos, 1000 kilómetros río abajo. Para que os hagáis una idea de cómo es viajar en un trasto de estos deciros que lo que aquí llaman lanchas son realmente unos barcos grandotes, con sus tres pisos más sala de máquinas pero en su interior no hay prácticamente nada de nada: una cocina, quatro baños y lo demás todo despejadito; pá qué? para el equipaje, claro, que se expande por todos lados, en cada rincón y en cada milímetro, desde ropas personales hasta gallinas pasando por casi todo lo digno de ser transportado, eso sí los chanchos y las vacas ( que haberlos haylos) van a parte, al ladito de la sala de máquinas.
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Los atardeceres son uno de los grandes atractivos del recorrido
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No así los miles de litros de gasofa que van "por ahí", normalmente cerca de algún fumador empedernido un poquito inconsciente. Y dónde dices que se duerme si la travesía dura 4 días y está todo lleno de trastos? pues encima, todos colgados, que para eso se inventaron las hamacas.
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Algunas navegantes amazonicas

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Fue seguro en un lugar como éste dónde algún iluminado definió el término "intimidad", claro está que uno sólo piensa en algo tan abstracto y tan cotidiano cuando está totalmente privado de ella. A menos de 0 centímetros, o sea casi encima y por cada lado hay otros hamaqueros que, aprovechando el espacio, tienen todavía huevos de mecerse en la hamaca y uno que es un primo - porque no hay otra definición posible- se coloca al lado de un niño "ya que ocupa menos el garçon, habrá más espacio" pienso, sin contar que un niño metido 100 horas en una hamaca tiene energía para agotar mil paciencias, vaya que si la tiene...

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Parada y fonda: en un pequeño puerto nos proveen de cena fresca

El listado de actividades a realizar en el crucero es bastante limitado, por espacio y movilidad; suele reducirse a la vida social : dónde vas, de dónde vienes, y después una infinidad de temas que me dejan, una vez sí otra también con la boca abierta. Para daros una pequeña muestra un tipo me pregunta, casi a bocajarro después de un minuto de conversa superflua si conozco al anticristo, un tipo alemán que anuncia el fin del mundo y se considera la representación mortal del diablo; un loco le digo yo, pero nanay, según él el tipo tiene incluso una página web y alla lo explica todo, no es un cualquiera... otro me pregunta mi opinión como quien no quiere la cosa, sobre los judíos, porque a él noseque cosa le explicaron y está yendo a una comunidad de israelis-judíos-peruanos en el Amazonas para encontrar el buen camino en la vida, "y como tu llevas esa barba pensaba que al igual sabías algo de eso..."; para flipar y me dejo en el tintero algunas salidas mu buenas de la peña, que realmente estamos todos muy mal ( lo que debían pensar del tipo que anda con una bici en un barco, no?).
Resumiré porqué esos 4 días más otros cuatro que me llevaron de Iquitos a Leticia, ya en Colombia fueron paupérrimos en actividad pero riquísimos en anécdotas y en atardeceres y amaneceres guapos guapos.

En el segundo barco, cuando el panorama hamaquil estaba ya despejado por tromba de agua

Ya en Leticia, Colombia y cuando solo faltaba lo más fácil tomar el avión para Bogotá resulta que no hay hoy, ni mañana ni pasado, así que paciencia, toca quedarse un ratito más en la selva; y de veras que no me importa demasiado...

divendres, 28 / desembre / 2007

Machu Picchu, segundo asalto

El destino era el mismo pero las circumstancias que rodeaban la segunda expedición a Machu Picchu era bien distintas a la primera vez. A la compañía de Grant y Adeline ( que ya "trekkearon" conmigo en Ausangate) se unen Felipe y Ana, pareja Suizo-Colombiana circundando el globo, en bici claro, que no pudieron resistir la la perita en dulce que les ofrecíamos. El plan era sencillo, caminar por cuatro días contorneando el nevado Salkantay, bajar desde las cumbres andinas ( 4.800 metros) hasta el nacimiento de la selva amazónica para llegar al Machu Picchu, colarnos en noche de luna "casi llena" y ver, en el amanecer del 22 de Diciembre, los fenómenos que ahí se observan por el solsticio de verano.




A por Machu Picchu, otra vez!!

Así dicho no suena mal, pero ahorramos algunos detalles, quizás el más importante el meteorológico, en plena época de lluvias la caminata prometía ser tan húmeda como acabó siéndola: lluvias noche y día, ropas y tiendas mojadas y, lo que más jode, unas nubes densas y perenes dispuestas a no desvelar las bellezas que nos rodeaban.



Pero la suerte se nos alió, un poquito nomás, cuando deambulábamos por los pies del Salkantay, ofreciéndonos una perqueña ración de su imponente mole de hielo, algo que nos negó al día siguiente cuando estábamos mucho más cerca, oiendo los desprendimientos de sus glaciares tan ahí mismo que parecía imposible que la fina caortina de nubes que nos duchaba fuera capaz de tapar a tamaño coloso andino.


Así de majestuoso es el Salkantay; lástima que sólo se dejó ver un ratito...

Para ir soltándonos en el arte de colarse "pels puestus" con nocturnidad y alevosía hicimoslos propio en unos bañes termales a la riba del río Santa Teresa, tras 7 horas de pateo fue un gran placer sumergirse en aguas a 40ºC con el paisaje nocturno salpicado de miles de luciérnagas que convertían los picos circundantes en autéticos árboles de navidad...




En la cima derecha se ven algunas construcciones de Machu Picchu. Visto desde Lucmabamba el lugar parece edificado sobre un rostro humano



Otro momento álgido fue llegar a Lucmabamba, unas pequeñas ruinas incas situadas justo enfrente de Machu Picchu ( aunque con un profundo valle como separación), a su misma altura y que todavía no han sido limpiadas de la invasión selvática, lo que permite ver sus muros cubiertos de vegetación y árboles creciendo anarquicamente dentro de las construcciones lo que le aire mágico al lugar y uno puede creer, por un instante, que está descubriendo algo e imaginar lo que sintieron los primeros visitantes post-inca a Mach Picchu.




Las ruinas de Lucmabamba conquistadas por la selva, aún no por el turismo



Dispuestos a conocer todos los detalles y puntos de vista posibles de la Ciudadela no obviamos el mirador de Putukusi que, a sólo una hora de Aguas Calientes ( pueblo-base de Machu Picchu) ofrece una visión frontal y más elevada de la ciuda arqueológica, permite darse una idea magnífica del entorno que rodea a tan mágico lugar y, en nuestro caso, nos ayudó a estudiar (a vista de pájaro) la mejor ruta para nuestra incursión nocturna.

Zona ceremonial vista desde Putukusi



Tras muchas lluvias las primeras sombras del 21 de Diciembre son iluminadas por la luna, llegó la hora de la conquista nocturna del Machu Picchu.
Desde Putukusi la ciudadela de Machu Picchu presenta la forma de un colibrí en vuelo


Para subir los 1800 peldaños no hicieron falta linternas, mucho más potente era la luz lunar que como buena cómplice nos acompañaba. Existe un pequeño camino olvidado que lleva directo a las ruinas, sin pasar por caja, que los cuidadore intentaron ocultar con troncos y hierbajos pero que nuestro previo escrutino nos permitió encontrar sin demasiada dificultad...Avanzar en medio de la maleza selvática sorteando barreras de troncos, bajo la luz de la luna, sintiendo ya la cercanía de uno de los lugares más especiales de la Tierra, sabiendo a ciencia cierta que se está haciendo algo"prohibido" y que en cualquier instante un supuesto vigilante puede dar al traste con la operación "Macvhu Picchu la nuit" pone la piel de gallina, agudiza al máixmo los sentidos, se bombea adrenalina por doquier y la emoción aflora a medida que se acerca el objetivo.Nos ayudamos a escalar un muro y ya estamos dentro...



La primera hora es increíble, la luz azulada baña las construcciones de este lugar tan místico, una procesión de nubes recorre el cielo haciendo unos juegos de sombras de película, los intrusos aún no las tienen todas consigo y el fantasma de los vigilantes planea entre nosotros; avanzamos pegaditos a los muros, pausa y miradas furtivas, a derecha e izquierda, en cada esquina. La tranquilidad es tan absoluta que sólo se oyen las música de los insectos pefectamente acompañadas de nuestros agitados latidos , nada más, el lugar es un remanso de paz que permite que nos vayamos relajando y nos adaptemos rápido a la situación: Machu Picchu es nuestro, sólo nuestro y hay que disfrutar esta situación única.




La silueta del Wayna Picchu y del único árbol de la ciudadela


Pronto dejamos de hablarnos y paseamos distraídos por los lugares más emblemáticos, es mucho lo que leí en las ultimas semanas sobre la Ciudadela y la conexión con el lugar es total. Sólo el corretear fugaz de algunas vizcachas hiela momentáneamente la sangre y acelera de nuevo el pulso pero también a ver sus rápidas siluetas en los lugares más insólitos se acostumbra uno.


Poco a poco las nubes se van agrupando y del fondo del valle sube una densa vrima, primero se cubre Wayna Piccghu y luego, despacito la ciudad desaparece para niestra vista...en cualquier otro lugar esto sería motivo de disgusto pero aquí la nieblina añade, si aún cabe, más misticismo al lugar.

Otra vista a pleno sol, esta vez desde Inti Punku

Descansamos un poquito pero se me hace imposible dormir, hay que aprovechar bien la noche...aún así tras un par de horas más de paseos y exploración sucumbo al cansancio, primero una cabezadita apoyado en la sagrada roca ceremonial que me regala un fnatástico sueño y luego, ya refugiado de la lluvia, a pierna y ronquido suelto, se confirma la sospecha de que no hay guarda alguno, si lo hubiera sin dudas habría acudido al oír los truenos que emitía, así me dijeron los "otros intrusos"...

Despierto clavadito en el instante en que las primeras luces empiecan a invadir el lugar, la lluvia amainó pero nubes y niebla son aún abundantes, adiós a la esperanza de contemplar los fenómenos que se habían de producir esa mañana, como cada amanecer de 22 de diciembre, solsticio de verano. Una excusa más para volver.

El sol asoma por entre las nubes en el valle del Vilcanota, Machu Picchu


Si la noche fue maravillosa no lo es menos la mañanita, sigue la tranquilitad y la solitud en el lugar, se respira ahora el aire puro del amanecer congujado con los aromas a hierba mojada. Tenemos que darnos prisa porque Machu Picchu abrirá oficialmente sus puertas en menos de 45´y es muy posible que algún trabajador del sitio esté ya merodeando por ahí...Tomamos las precauciones de siempre ( pegaditos a la pared, echar un ojo a cada esquina...) pero a cada peldaño que ascendemos en nuestra peregrinación hasta un buen escondite no podemos evitar perder unos segundos admirando la que fue "nuestra" ciudadela por una noche, cuando salgamos del escondite y nos mezclemos con los demás turistas ya no será lo mismo...





Machu Picchu ya bien iluminado, las brumas matutinas le dan un aire misterioso

Al final pasamos todo el día, acercando la oreja a las explicaciones de los guías, haciendo algunas excursioncillas, tirando muchas fotos o simplemente contemplando el panorama hasta que reapareció la lluvia por la tarde y nos envió para abajo, cansados de esperar a que saliera el sol y nos regalara un arco iris... En total pasamos 18 horas en Machu Picchu, enfundados en nuestros gorritos de Papa Noël, casi tan divertido como inolvidable.



Otra vista del conjunto



Por suerte a la vuelta teníamos ya en mente la celebración de la navidad porque si la primera vez se hicieron eternos los 30 km de caminata sobre las vías del tren, la segunda vez...